Expulsados del paraíso

Posted by Tomás Vivanco | Posted in | Posted on 16:12


Por Julia Bonstein / Der Spìegel


ALEMANES NOSTÁLGICOS POR LA RDA
A casi dos décadas de la caída del muro de Berlín, los niños de entonces ahora glorifican a la República Democrática Alemana. En una nueva encuesta, más de la mitad de los ex alemanes echa de menos el ambiente que respiraban en la RDA.


La vida de Birger, nacido en el noreste de Alemania, podría considerarse como una historia de éxito. El muro de Berlín se desplomó cuando él tenía 10 años de edad. Tras graduarse del colegio, estudió Economía y Administración de Empresas en Hamburgo, vivió en India y Sudáfrica y obtuvo un empleo eventual con una compañía de la ciudad alemana occidental de Duisburg. Hoy, Birger, de 30 años, está planificando un viaje en yate por el Mediterráneo. No está usando su verdadero nombre para esta historia, porque no quiere que se le asocie con la ex Alemania Oriental, a la que ve como "un rótulo con connotaciones negativas". Y, sin embargo, Birger está instalado en un café de Hamburgo, defendiendo al ex país comunista. "La mayoría de los ciudadanos alemanes orientales tenían una buena vida", dice. "Por cierto que no pienso que aquí sea mejor". Por "aquí" se refiere a la Alemania reunificada, a la cual somete a comparaciones cuestionables".
En el pasado estaba la Stassi y hoy Wolfgang Schäuble (ministro del Interior alemán) reúne información sobre nosotros". En opinión de Birger, no hay una diferencia fundamental entre dictadura y libertad. Dice que "las personas que viven en la línea de la pobreza carecen también de la libertad para viajar". En ningún caso Birger es un joven sin educación. Está consciente del espionaje y la represión que se daban en la ex Alemania Oriental y, como dice, no era "bueno que la gente no pudiera salir del país y muchos fueran oprimidos". Birger no es fanático de lo que define como una nostalgia ridícula por la RDA. Sin embargo, discrepa de quienes critican el lugar que sus padres llamaban casa: "No se puede decir que la RDA fuera un Estado ilegítimo y que hoy todo está bien".
Este joven comparte una opinión mayoritaria entre las personas provenientes de Alemania Oriental. "La RDA tenía más aspectos buenos que malos. Había algunos problemas, pero la vida allí era buena", dice el 49 por ciento de los encuestados. Ocho por ciento de los alemanes orientales se oponen tajantemente a toda crítica en contra de su ex patria y coinciden con la declaración: "La RDA tenía, en su mayor parte, aspectos buenos. La vida allí era más feliz y mejor que en la Alemania reunificada de hoy". Los resultados de esta encuesta, divulgados en Berlín el sábado pasado, revelan que la glorificación de la ex Alemania Oriental ha llegado al centro de la sociedad. Hoy, ya no son solamente los eternos nostálgicos los que lamentan la pérdida de la RDA. "La nostalgia del mundo ideal de la dictadura va mucho más allá de los ex funcionarios de gobierno", dice el historiador Stefan Wolle. Hasta jóvenes que casi no tuvieron experiencias con la RDA la están hoy analizando". "Está en juego el valor de su propia historia", dice Wolle. El cientista político Klaus Schroeder dice que "muchos alemanes orientales perciben cualquier crítica al sistema como un ataque personal". En un estudio de 2008 sobre estudiantes de colegio, Schroeder concluyó que "ni la mitad de los jóvenes de Alemania Oriental describen a la RDA como dictadura y una mayoría cree que la Stassi era un servicio de inteligencia normal". Agrega que "estos jóvenes no pueden, y de hecho no desean, reconocer los aspectos oscuros de la RDA".
Schroeder se ha ganado enemigos con declaraciones como éstas. Recibió más de cuatro mil cartas, algunas de ellas furiosas, en relación a su estudio. Birger también le mandó un e-mail a Schroeder. El cientista político ha compilado una selección de cartas típicas para documentar el clima de opinión en que se discute en Alemania Oriental sobre la RDA y la Alemania unificada. Parte del material permite una mirada impactante a los pensamientos de ciudadanos decepcionados y molestos. "Desde la perspectiva de hoy, creo que fuimos expulsados del paraíso cuando cayó el muro", escribe una persona; y un hombre de 38 años de edad "agradece a Dios" haber podido vivir en la RDA, señalando que no fue hasta después de la reunificación alemana que vio a personas temiendo por su existencia, a mendigos y gente sin hogar. La Alemania de hoy es descrita como un "Estado esclavo" y una "dictadura del capital" y algunas cartas rechazan que Alemania sea, en su opinión, demasiado capitalista o dictatorial y ciertamente no democrática. Schroeder teme que "una mayoría de los alemanes orientales no se identifican con el actual sistema sociopolítico".
Si bien muchas cartas provienen de personas que no se beneficiaron de la reunificación alemana o que prefieren vivir en el pasado, incluyen también a gente como Thorsten Schön. Después de 1989, Schön, un maestro artesano, sumó inicialmente un éxito tras otro. Aunque ya no posee el Porsche que compró tras la reunificación, la alfombra de piel de león que compró en unas vacaciones en Sudáfrica todavía se extiende sobre el piso de su living. "No hay duda: he sido afortunado", dice Schön, hoy de 51 años de edad. Rodeado de comodidades, añora en todo caso los buenos tiempos en Alemania Oriental. Sobre todo, "ese sentimiento de compañerismo y solidaridad". La economía de la escasez, con sus transacciones de trueque, era "más como un hobby". ¿Tiene ficha en la Stassi? "No me interesa", dice. "Además, sería demasiado decepcionante". Su veredicto sobre la RDA es claro: "Hasta donde a mí me compete, lo que teníamos en esos días era menos dictadura que lo que tenemos hoy". Y cuando comienza a quejarse de la Alemania unificada, su voz contiene un elemento autosatisfecho. Hoy la gente miente y hace trampa en todas partes, dice, y las injusticias de hoy se cometen simplemente de una manera más solapada que en la RDA, donde no se sabía de salarios de hambre o de neumáticos de auto acuchillados. Dice que está "más próspero hoy que antes, pero no estoy más satisfecho". Lo que le desagrada particularmente es "el falso cuadro del Este que Occidente está pintando hoy". Dice que la RDA "no era un Estado injusto", sino "mi hogar, donde se reconocían mis logros". Señala que "a los que trabajaban duro les iba bien en la RDA" y que los alemanes occidentales actúan "como si todos los alemanes orientales fueran un poco estúpidos y debieran caer de rodillas en gratitud por la reunificación". Se pregunta qué exactamente hay que celebrar de la reunificación.
Birger dice que tras graduarse en la universidad hubiese sin duda aceptado una "gerencia en alguna empresa", quizás en forma no diferente a su padre, que dirigía un colectivo agrícola. "La RDA no jugaba papel alguno en la vida de un ciudadano de la RDA", concluye Birger. Esta opinión es compartida por sus amigos, todos ellos hijos educados de la ex Alemania Oriental y nacidos en 1978. "Reunificación o no", concluyó recientemente el grupo de amigos, en realidad para ellos no marca ninguna diferencia. Sin reunificación, sus destinos de viaje habrían sido Moscú y Praga en lugar de Londres y Bruselas. Y el amigo que hoy es funcionario de gobierno en Mecklenburg habría sido probablemente un leal funcionario del partido en la RDA.